El cantautor estadounidense Gavin Adcock vuelve a apostar por una emoción directa en Colorblind, una canción que se va armando de a poco y gana fuerza con el paso de los minutos. Todo empieza con una base acústica sencilla, apoyada en rasgueos constantes y un riff que acompaña la canción de principio a fin. Esa idea inicial se mantiene, incluso cuando el tema empieza a sumar sonidos.
Con el correr de los segundos aparecen algunas guitarras eléctricas y un toque de pedal steel que le agregan color sin cambiar el clima. El estribillo abre el juego con más batería y acordes amplios, pensados para el vivo, y después vuelve a la calma del comienzo. Esa ida y vuelta se repite en cada coro y acompaña bien lo que cuenta la letra.
Colorblind retrata el vacío que deja una despedida a través de imágenes claras y cotidianas. La ausencia se traduce en un mundo que pierde color, donde el verde del pasto y el azul del cielo ya no están. La canción no busca giros complejos ni metáforas rebuscadas: se apoya en una narración honesta, casi confesional, que conecta desde lo simple.
Nacido y criado en Watkinsville, Georgia, Adcock creció trabajando en el campo familiar y tuvo un primer camino ligado al deporte universitario antes de volcarse de lleno a la música. Fue durante una lesión, en 2021, cuando comenzó a grabar y publicar sus propias canciones, dando inicio a una carrera que fue ganando espacio dentro del country contemporáneo.
Con Colorblind, Adcock refuerza una identidad artística basada en historias personales y arreglos que saben cuándo avanzar y cuándo retroceder. Una canción que no necesita exagerar para dejar huella y que confirma su habilidad para transformar emociones comunes en relatos que se sienten cercanos.