2025-05-15 / News

Tres, dos, uno de Tucker Wetmore

00:15 | Una despedida contada sin rodeos

Por:
Guillermo Ravagni

Tucker Wetmore, uno de los nuevos nombres que empiezan a ganar terreno en el country estadounidense, lanzó su primer álbum, What Not To, el 25 de abril. Con apenas 25 años, el artista oriundo de Washington viene creciendo en la escena de Nashville, especialmente después de que canciones como “Wine into Whiskey” y “Wind Up Missin’ You” lo pusieran en el radar durante 2023.

“3,2,1”, uno de los cortes del disco, refleja el peso del arrepentimiento y la nostalgia de alguien que dejó escapar a la persona que amaba. La canción arranca con una imagen que combina sensación de libertad y pérdida: alguien en la puerta de su casa, a punto de irse, con una maleta en la mano y restos de rímel en la camisa de quien se queda.

La letra está construida desde la perspectiva de quien asume su culpa. “No te culpo, me culpo a mí”, repite en distintos momentos, mientras recuerda las luces traseras alejándose al atardecer. Hay una mezcla de melancolía y resignación que atraviesa toda la canción, sin dramatismo forzado.
 


El título remite al conteo antes de encender el auto, pero también al momento en que ya no hay vuelta atrás. “Tres palabras, muy tarde”, canta, haciendo referencia a un “te amo” que nunca llegó a tiempo. Más adelante, la voz cambia de tono y deja ver el impulso de buscarla de nuevo, aunque sabe que es inútil: “En tres, dos, uno… voy a llamarte, intentar hacerte cambiar de opinión”.

La producción mantiene un perfil clásico, con guitarras suaves y una estructura que acompaña el relato sin imponerse. Todo está al servicio de una historia que podría ser la de muchos: una relación que se va, una conciencia que despierta demasiado tarde, y un intento de olvidar que no termina de funcionar, ni siquiera con “80 proof” en las venas.

El video refuerza esa sensación de pérdida desde lo cotidiano. Lo vemos junto al río con amigos, tomando cervezas, compartiendo un momento simple con la chica que le gusta. Se sientan juntos en un muelle, se toman de la mano, se ríen. Pero de pronto ella ya no está. Él sigue cantando, más serio. La recuerda mientras todos saltan al agua, mientras toca la guitarra. Hasta que la ve con otro y se aleja. El cierre llega con un mensaje en el celular: “Hey... sorry if that was weird. Can we talk?” Justo ahí, el visual termina. Sin respuesta, como la historia misma.