Ashley Monroe continúa llevando Dear Nashville a la pantalla con el lanzamiento de “Dreaming”, el sexto capítulo de la serie de videos que acompaña al álbum. La producción audiovisual fue dirigida por Becky Fluke.
“Dreaming”, de Ashley Monroe, es ella pidiendo que no la despierten.
Está trabada, con una fiebre que no se le va. Sabe que puede ser mentira, pero le gusta esa ilusión: todo plateado, el sol arriba, el dolor quieto. Despertar puede esperar.
Que le sirvan un trago, que la dejen cantar, que la arreglen un poco hasta que deje de doler. Que le sigan la corriente lo justo para que la realidad no entre. Que se callen. Que la dejen soñar.
Pregunta para qué bajarla a tierra si el otro ya no está con ella. Para qué tirarle abajo las ideas. Mañana se puede decir adiós. Ahora, no.
Hasta le da permiso para que la tengan cerca y la entretengan un rato más. Mientras tanto, que no le corten el sueño.
Dear Nashville es un álbum de ocho canciones que Monroe publicó por sorpresa en marzo, acompañado por una carta dirigida a Nashville, la ciudad que ocupa un lugar central en su historia personal y artística. El disco fue coproducido por Luke Laird, con quien Monroe coescribió cada una de las canciones.
“Dreaming” ocupa el sexto lugar de la colección y llega después de los anteriores capítulos audiovisuales de Dear Nashville.
La serie comenzó con “I Hate Nashville”, el tema que abre el álbum. El video fue filmado en The Station Inn, donde Monroe realizó dos shows de lanzamiento con entradas agotadas y presentó la colección completa junto a Luke Laird y el pedal steel player Paul Franklin.
Antes del estreno de “Dreaming”, Monroe ya había publicado los videos de “Steal”, “Haunted”, “Gettin’ Out Of Hand” y “What Are We?”. En “Steal”, la artista recorre distintos momentos de su carrera, desde su colaboración con Jack White hasta su vínculo con John Prine y sus compañeras de Pistol Annies.
Ahora, con “Dreaming”, la serie visual de Dear Nashville suma un nuevo capítulo y vuelve a detenerse en una de las historias personales que atraviesan las canciones de Monroe: ese momento en el que todavía resulta más fácil permanecer dentro de un sueño que enfrentarse a lo que espera al despertar.