Con “Bed of Roses”, Mary Kutter no llega a Nashville a pedir permiso. Llega a contar una historia incómoda, con una media sonrisa y el ceño apenas levantado.
La cantautora, criada en Kentucky y hoy instalada en Tennessee, acaba de sumarse oficialmente a BBR Music Group/BMG Nashville y eligió como carta de presentación un tema que no juega a lo seguro. Escrita junto a John Frank y Tom Pino, la canción se mete de lleno en un relato oscuro con bastante ironía encima. No es la típica historia romántica ni la balada vulnerable que suele abrir puertas en el formato country más tradicional.
Desde el arranque, la voz de Kutter entra con carácter. No sobreactúa, no dramatiza de más. Canta como quien sabe exactamente lo que quiere decir. El estribillo —con ese “he’s pushing up daisies” que se repite casi como un guiño cómplice— tiene algo pegadizo, pero también una incomodidad que funciona a su favor.
En el comunicado que acompañó el lanzamiento, Kutter contó que la canción está inspirada en el tipo de narrativa que la atrapaba cuando era chica: esas historias que te hacen inclinar la cabeza, arquear una ceja y hasta reírte en el momento menos oportuno. Y eso es justamente lo que logra acá. Hay humor negro, hay ajuste de cuentas simbólico y hay una protagonista que no se presenta como heroína perfecta.
Antes de lanzarse de lleno como artista, Kutter ya venía construyendo reputación como compositora en Nashville. Su nombre aparece en créditos de lanzamientos de sello mayor y en canciones grabadas por Bailey Zimmerman, Nate Smith y Zach John King. Esa experiencia se nota: sabe cómo armar un personaje, cómo sostener una imagen fuerte y cuándo dejar que la frase haga el trabajo pesado.
En vivo, quienes la han visto coinciden en algo: no necesita demasiada puesta en escena. Su fuerte está en la presencia y en la forma en que deja que la historia respire. No busca caer simpática todo el tiempo, y eso, en un panorama donde muchas propuestas tienden a pulir cada borde, termina siendo refrescante.
“Bed of Roses” no intenta gustarle a todo el mundo. Tampoco parece querer hacerlo. Es una canción con filo, con ironía y con una autora que, más que suavizar el punto, decide marcarlo. Y en ese gesto empieza a definir qué tipo de artista quiere ser.